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Pocos serán los que no hayan soñado alguna vez con la lejana sabana africana, donde se desenvuelven en libertad leones, jirafas, elefantes y multitud de criaturas salvajes, de cuyo comportamiento y modos de vida hemos ido aprendiendo a través de los libros y documentales.
Sin embargo, la mayorÃa de nosotros vivimos ajenos a un mundo cercano y tan apasionante como aquel: el mundo de los insectos.
Las moscas nos producen repulsión, temor las abejas e indiferencia las mariposas. Y todo porque los ojos con que las miramos están carentes de esa curiosidad que permite descubrir los grandes secretos de la naturaleza.
También a mi me sucedÃa lo mismo hasta que una mañana, jugando con la cámara, fotografié una caléndula.
Cual serÃa mi sorpresa cuando al descargarla en el ordenador descubrà en esa flor matices y colores no percibidos hasta entonces.
A la semana siguiente mi objetivo fueron otras plantas, algún escarabajo... Después lo intenté con los saltamontes, con las hormigas y, finalmente... con las mariposas.
Desde entonces he dedicado cientos de horas a la fotografÃa macro y no hay vez que no descubra algo nuevo y maravilloso.
Porque lo que empezó como un juego ha terminado siendo una intensa devoción por la naturaleza y por las criaturas que la pueblan; un desenfrenado deseo de observar los seres vivos y analizarlos.
Siento como si la vida adquiriese para mà una nueva dimensión al constatar por experiencia propia la interdependencia que tenemos todos los pobladores del planeta.
Gracias a la fotografÃa llegué a este apasionante mundo del que ya no puedo apartarme, volcados ahora todos mis esfuerzos en buscar y mostrar la belleza de los insectos.
Nada tiene que envidiar la mariposa cardera a la gacela, porque son hermosas por igual; ambas se entregar con idéntico placer a los goces del amor y al calor de los primeros rayos de sol de la mañana. Y con idéntico temor se enfrentan a las amenazas de sus enemigos y a la muerte.
Esta página viene a dejar testimonio de tales afirmaciones.

